El Kybalion y Hermes Trismegisto: engaño ocultista a la luz de Cristo

La primera vez que tuve en mis manos El Kybalion, un texto atribuido a Hermes Trismegisto, sentí que había encontrado un tesoro de sabiduría secreta. Por aquel entonces, aún no conocía a Cristo y andaba sumergida en el ocultismo y la Nueva Era, sedienta de verdad y poder espiritual. Hermes Trismegisto, el legendario sabio al que se atribuye este libro, me intrigaba profundamente. Sus «siete principios herméticos» parecían revelar los misterios del universo que tanto ansiaba comprender. Recuerdo cómo devoraba cada página con los ojos brillantes de expectativa, convencida de que estaba descubriendo claves espirituales escondidas.

Sin embargo, en lo más profundo de mi corazón había una inquietud. A pesar de la fascinación inicial, algunas enseñanzas de El Kybalion me dejaban un sabor agridulce. En aquel tiempo no podía explicarlo, pero ahora comprendo que el «brillo» de esta filosofía ocultista ocultaba sombras peligrosas. Hoy, conociendo a Jesús, puedo ver con claridad que El Kybalion y Hermes Trismegisto representaban un engaño espiritual. En este artículo quiero compartir mi testimonio y, desde mi fe cristiana, examinar estas filosofías herméticas a la luz de la Palabra de Dios.

¿Qué son El Kybalion y Hermes Trismegisto?

El Kybalion y la figura de Hermes Trismegisto están íntimamente relacionados con el hermetismo, una corriente de filosofía ocultista. Para entender su atractivo y sus peligros, primero veamos en qué consisten.

El Kybalion: un texto de filosofía hermética moderna

El Kybalion y Hermes Trismegisto
Mercurius Trismegistus, grabado en cobre de Johann Theodor de Bry.

El Kybalion es un libro publicado originalmente en 1908 en Chicago (EE.UU.) bajo el seudónimo «Tres Iniciados«. Aunque pretende compendiar la sabiduría del antiguo Egipto y Grecia, se cree que su autor real fue William Walker Atkinson, un ocultista estadounidense vinculado al movimiento Nuevo Pensamiento. Este detalle es revelador: lejos de ser una reliquia milenaria, El Kybalion es producto de una mezcla entre el hermetismo clásico y filosofías esotéricas modernas. De hecho, el texto dice basarse en la mítica «Tabla de Esmeralda» atribuida a Hermes Trismegisto, pero reinterpreta esos conceptos en clave de autoayuda esotérica del siglo XX.

El corazón de El Kybalion son sus siete supuestos «principios universales». Cuando yo estudiaba estas leyes herméticas, me parecían verdades profundas que explicaban todo. A continuación resumo cada uno de estos siete principios herméticos tal como los enseña El Kybalion:

  • Mentalismo: «El Todo es mente; el universo es mental.»
  • Correspondencia: «Como es arriba, es abajo; como es adentro, es afuera.»
  • Vibración: «Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra.»
  • Polaridad: «Todo es doble, todo tiene dos polos; … los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado…»
  • Ritmo: «Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso… el ritmo es la compensación.»
  • Causa y efecto: «Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; … nada escapa a la Ley.»
  • Género (Generación): «La generación se manifiesta en todos los planos, todo tiene su principio masculino y femenino… Los dos géneros existen por doquier.»

En teoría, según El Kybalion, estas siete leyes gobiernan todo lo que existe. Recuerdo cómo intentaba aplicarlas a mi vida: creía que entendiendo el Mentalismo podría «crear» mi realidad con la mente, o que aplicando Correspondencia descubriría patrones ocultos «como es arriba, es abajo» en cada suceso. Confieso que en su momento estas ideas me resultaban hipnóticas. No obstante, con el tiempo empecé a notar también contradicciones e interrogantes: ¿de verdad «todas las verdades son medias verdades»? ¿Dónde queda entonces la Verdad absoluta de Dios?

Hermes Trismegisto: el mítico maestro del ocultismo

Hermes Trismegisto es presentado como la fuente original de la filosofía hermética. Se trata de un personaje legendario, resultado de fusionar al dios griego Hermes con el dios egipcio Thot. En los escritos ocultistas aparece como un antiguo sabio egipcio, creador de la alquimia y padre del hermetismo. Por eso El Kybalion lleva su nombre: pretende ser una transmisión de esa «sabiduría hermética» atribuida a Hermes «el tres veces grande». Algunos ocultistas lo consideran una especie de profeta pagano dotado de conocimiento revelado. Sin embargo, es importante aclarar que Hermes Trismegisto no es una figura histórica comprobada ni, mucho menos, un profeta de Dios. Más bien, su leyenda ha servido para dar un aire de autoridad mística a enseñanzas esotéricas a lo largo de los siglos.

El Kybalion y Hermes Trismegisto: engaño ocultista a la luz de Cristo

En mi etapa de Nueva Era, confieso que el halo de misterio en torno a Hermes Trismegisto alimentaba mi curiosidad. Pensaba: «¡Él debió ser un gran iluminado de la antigüedad!». Pero ahora entiendo que esa admiración acrítica hacia figuras ocultistas puede cegarnos. La Biblia nos advierte que incluso Satanás se disfraza como ángel de luz (2 Corintios 11:14), y que podrían surgir «falsos profetas» con grandes señales para engañar (Mateo 24:24). No todo lo que brilla es oro, y no todo ser llamado «maestro» trae la verdad de Dios. Hermes Trismegisto, por muy fascinante que parezca, pertenece al panteón del ocultismo (falsa espiritualidad), no a la revelación bíblica.

La atracción y el engaño del Kybalion en la Nueva Era

Un brillo atractivo para el buscador espiritual

«Tabula Smaragdina Hermetis» (Tabla Esmeralda de Hermes)

¿Qué tenía El Kybalion que resultaba tan atractivo? Para mí, y para muchos buscadores espirituales, la promesa de una «sabiduría secreta» es sumamente seductora. Este libro ofrecía explicaciones para todo: desde el porqué del bien y el mal (Polaridad), hasta cómo influir en nuestro destino (Causa y efecto). Me hacía sentir parte de una élite espiritual, como si fuera una de las pocas personas “despiertas” con acceso a un conocimiento oculto reservado solo para unos pocos “elegidos”. El ego se infla rápido cuando lo alimentan con frases tipo “no todos están preparados para esto”, y claro, tú piensas: “pues yo sí lo estoy”. El orgullo se disfraza muy bien de iluminación. Lo curioso (y casi cómico) es que millones de personas piensan exactamente lo mismo. Todas repiten los mismos decretos, creen en las mismas leyes “universales” y comparten los mismos reels de Instagram con frases místicas en fondo lila. Es decir: si todo el mundo se cree especial por hacer lo mismo, entonces nadie es realmente especial. Y aun así, cuando estás dentro, no lo ves. Porque el ego es fácil de manipular. Además, su lenguaje de “leyes universales” daba una sensación de cientificidad mística: ¡como si el universo tuviera un manual de instrucciones esotérico que yo podía aprender a manejar!

Otro factor de su atractivo es que mezcla verdades parciales con mentiras sutiles. Por ejemplo, El Kybalion habla de causa y efecto, algo que resuena con la realidad, ya que la misma Biblia dice que cosechamos lo que sembramos (Gálatas 6:7). También afirma que existe un orden y una correspondencia entre lo físico y lo espiritual, lo cual no suena descabellado. Estas medias verdades pueden dar al lector la impresión de que todo el sistema es compatible con sus creencias previas. En mi caso, yo justificaba: “Si Dios creó leyes físicas, ¿por qué no iba a haber leyes espirituales que los iniciados pueden aprender?”. El error estaba en asumir que esas “leyes herméticas” provenían de Dios cuando en realidad provenían de fuentes ocultistas humanas (o peor aún, de “espíritus engañadores”, 1 Timoteo 4:1).

Veneno dulce: la trampa de estas filosofías

Aunque El Kybalion se presenta envuelto en luz (con ideas aparentemente positivas y lógicas), esa luz no viene de Cristo, sino que encubre oscuridad. Es el clásico «veneno dulce»: algo que sabe bien al inicio pero envenena el alma con el tiempo. ¿Cuál es la trampa aquí? Primero, que desplaza a Dios del centro. En la filosofía hermética, el fundamento de todo no es el Dios personal y santo de la Biblia, sino «el Todo», una especie de mente impersonal panteísta. Esto me llevó a creer que yo misma, como parte de ese «Todo», tenía chispa divina y podía controlar mi realidad sin necesidad de rendirme al Señor. ¡Gran engaño! La serpiente usó una tentación similar con Eva: «seréis como Dios» (Génesis 3:5).

Segundo, El Kybalion relativiza la verdad moral. Al decir que «los opuestos son lo mismo en naturaleza» o que «todas las verdades son medias verdades», siembra confusión. Recuerdo que empecé a pensar que el bien y el mal solo eran extremos de lo mismo, que no había verdades absolutas. ¡Cuán opuesto es esto a la Biblia, donde el bien y el mal están claramente diferenciados (Isaías 5:20) y Dios es luz sin tiniebla alguna (1 Juan 1:5)! Esta filosofía me llevaba a justificar pecados como «parte del equilibrio», en lugar de arrepentirme de ellos.

En tercer lugar, practicar estas enseñanzas ocultistas abre la puerta a influencias espirituales peligrosas. Aunque yo inicialmente no lo percibía, con el tiempo empecé a experimentar más ansiedad y oscuridad interior, a pesar de aplicar los «principios». La Escritura nos advierte: «Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo» (Colosenses 2:8). Justamente eso hace El Kybalion: presenta una filosofía «bonita» pero vacía de Cristo. Detrás de sus ideas sofisticadas, está la misma mentira antigua de querer explicarlo todo sin Dios. Y cuando uno se aleja de la verdad de Dios, inevitablemente queda expuesto al padre de la mentira.

Quiero enfatizar algo: involucrarse en el hermetismo y el ocultismo es desobedecer a Dios. Yo misma tuve que reconocerlo con dolor. La Biblia prohíbe claramente toda práctica de adivinación, magia o invocación de poderes ocultos (Deuteronomio 18:10-12). Aunque El Kybalion se presente más como «filosofía» que como brujería, proviene de la misma fuente de rebeldía espiritual. Durante años, el enemigo me tuvo cautiva con esos «conocimientos» alternativos. Pero gracias a la infinita misericordia de Dios, finalmente la luz de Cristo iluminó mi confusión.

La filosofía hermética a la luz de la Biblia

El contraste entre las enseñanzas de El Kybalion y la verdad de la Biblia no podría ser más drástico. Cuando por fin le entregué mi vida a Jesucristo y comencé a escudriñar las Escrituras, todos aquellos principios herméticos se fueron derrumbando uno a uno ante la sabiduría de Dios. Permíteme comparar algunos puntos clave:

Dios vs «el Todo» panteísta: El hermetismo dice que «todo es mente» y que todo es parte de ese «Todo» impersonal. La Biblia, en cambio, revela a un Dios personal, Creador separado de Su creación. «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Génesis 1:1) – el universo no es la mente de Dios, sino obra de Sus manos. No somos Dios ni parte de Dios; somos criaturas que dependemos de Él. Este descubrimiento me llenó de humildad y a la vez de consuelo, porque prefería mil veces conocer al Dios vivo que creerme mi propio dios.

La Verdad absoluta: Mientras El Kybalion afirma que la verdad es relativa («todas las verdades son medias verdades» decía), Jesucristo declaró con autoridad: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Juan 14:6). En Cristo encontré una verdad sólida a la cual aferrarme, algo que el hermetismo nunca me dio. La filosofía humana cambia y se contradice, pero «la palabra del Señor permanece para siempre» (1 Pedro 1:25). Qué descanso saber que la verdad no es un concepto nebuloso sujeto a interpretación, sino una persona: Jesús, la Verdad encarnada.

El problema del pecado y la salvación: En las enseñanzas herméticas que yo seguía, no había un concepto de pecado ni de necesidad de perdón. Si algo malo ocurría, lo achacaba a mi «baja vibración» o a no entender bien alguna ley universal. Pero la Biblia me confrontó con la realidad de mi pecado y de mi necesidad de un Salvador. Ninguna «transmutación mental» podía limpiarme el corazón; solo la sangre de Cristo derramada en la cruz pudo hacerlo (1 Juan 1:7). ¡Qué diferente es intentar salvarse una misma con técnicas esotéricas, a ser salvos por gracia mediante la fe en Jesús (Efesios 2:8-9)! Donde el hermetismo ofrece un camino de autosuperación interminable, Dios ofrece una salvación completa y un nuevo nacimiento.

Propósito y guía para la vida: El Kybalion me daba cierta guía moral del tipo «vive en equilibrio, acepta los ciclos de la vida» (por el principio de Ritmo, por ejemplo). Pero seguía estando perdida, sin un propósito claro más allá de «evolucionar» espiritualmente. La Palabra de Dios, en cambio, iluminó mi sendero: «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino» (Salmo 119:105). Entendí que fuimos creados con un propósito eterno, para glorificar a Dios y disfrutar de Él. Toda la complicación de leyes herméticas nunca pudo darme la paz ni la dirección clara que encontré al seguir a Cristo y sus enseñanzas sencillas pero poderosas.

Jesucristo: el Camino, la Verdad y la Vida

Al final del día, toda filosofía humana (sea hermetismo, gnosticismo, Nueva Era, etc.) se queda corta ante la persona de Jesucristo. Yo perseguía la luz del conocimiento esotérico, pero estaba ignorando a la Luz del mundo (Juan 8:12). Qué irónico, ¿verdad? Buscaba la verdad en libros ocultos, mientras la Verdad con mayúscula moría en una cruz para salvarme. Su amor me alcanzó incluso cuando yo corría en dirección opuesta.

“El Sermón del Monte” por Carl Heinrich Bloch (1834–1890)

Querido lector, tal vez tú también has sentido la tentación de buscar «secretos» espirituales en filosofías como El Kybalion o prácticas de la Nueva Era. Te entiendo, porque yo estuve ahí. Pero quiero decirte con toda certeza y amor: Jesucristo es infinitamente mejor. En Él está la plenitud de la sabiduría y del conocimiento (Colosenses 2:3), y él es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5). Ninguna ley hermética puede salvar tu alma ni darte vida eterna; solo Jesús tiene «palabras de vida eterna» (Juan 6:68).

Hoy doy gracias a Dios porque tuvo misericordia de mí y me sacó del engaño hermético. Si él pudo rescatarme a mí, que andaba tan extraviada, también puede rescatarte a ti. Arrepiéntete y pon tu fe en Jesucristo. Él te ama, murió en la cruz por tus pecados y resucitó para darte una nueva vida. No necesitas las sombras de la falsa luz; ¡puedes tener la luz verdadera en tu corazón hoy mismo!

Con amor y sinceridad te comparto esta historia, esperando que el Señor use mi testimonio para animarte a entregarle tu vida a Él. Vale la pena dejar atrás estos engaños y abrazar a Cristo: en él encontré perdón, libertad y la paz que tanto anhelaba.

«Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). Esa es mi oración y mi declaración: la verdad de Cristo me hizo verdaderamente libre. A Él sea toda la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

❥ Sarai

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