El Reiki nunca me pareció algo oscuro. Al contrario. Durante años lo vi como una práctica espiritual amable, respetuosa y orientada a sanar. Cuando escuché testimonios sobre el Reiki por primera vez, no reaccioné con alarma, sino con reconocimiento. Ese lenguaje me resultaba familiar. Yo misma había vivido dentro de una espiritualidad que hablaba de energía, equilibrio y procesos invisibles que podían activarse.
Por eso este tema no lo abordo desde fuera. Lo miro desde alguien que estuvo dentro de un sistema donde lo invisible se gestionaba. Donde todo parecía tener una explicación espiritual. Y donde la solución casi siempre pasaba por aprender a hacer algo más.
El problema no es que el Reiki se presente como algo agresivo. El problema es precisamente lo contrario. Se presenta como ayuda. Como sanación. Como luz.
Reiki: cuando lo espiritual parece inofensivo
El Reiki se define como una técnica de sanación que canaliza una supuesta “energía universal” para restaurar el bienestar físico y emocional. El practicante no dice sanar por sí mismo, sino actuar como canal. Se habla de armonía, de desbloqueos, de equilibrio interior.
Todo suena correcto. Nadie habla de rebelión contra Dios. Nadie habla de oscuridad. Se habla de amor.
Y ahí es donde debemos detenernos. Porque el cristianismo no evalúa una práctica por su apariencia externa, sino por su fundamento. ¿Qué visión de la realidad sostiene el Reiki? ¿Qué presupone acerca de Dios, del ser humano y de la salvación?
El Reiki no es simplemente una técnica de relajación. Parte de una cosmovisión donde la realidad última es una energía impersonal que puede ser canalizada y dirigida. Esa idea no es compatible con la fe bíblica.
La Escritura no presenta a Dios como una fuerza disponible para ser manejada. Presenta a un Dios personal, soberano y santo.
“Yo soy el Señor, y ninguno más hay;
no hay Dios fuera de mí.”
Isaías 45:5
En la fe cristiana no canalizamos energía. Dependemos de un Dios que actúa conforme a Su voluntad.
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Cuando la espiritualidad desplaza la confianza
He conocido personas que comenzaron en el Reiki buscando aliviar dolor físico o ansiedad. No buscaban nada malo. Querían ayuda.
Yo también busqué ayuda durante años en sistemas que prometían equilibrio. Aprendí a interpretar mi vida como un mapa energético. Si algo salía mal, debía revisar mi interior. Ajustar pensamientos. Corregir vibraciones. Todo dependía de mí.
El Reiki se mueve en una lógica parecida. Aunque el discurso sea distinto, el centro termina siendo el mismo: el ser humano debe alinearse, abrirse, activarse correctamente.
Eso genera una sensación de control. Pero también una carga constante.
¿Te has preguntado alguna vez por qué estas prácticas nunca ofrecen descanso definitivo? Siempre hay un siguiente nivel. Una nueva iniciación. Un símbolo adicional. Un paso más.
Jesús ofrece algo diferente.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados
y cargados, y yo os haré descansar.”
Mateo 11:28
No dice: aprended la técnica correcta. Dice: venid a mí.
Lo que parece luz y el discernimiento bíblico
Uno de los textos que más me confrontó cuando empecé a leer la Biblia fue este:
“Y no es maravilla, porque el mismo Satanás
se disfraza como ángel de luz.”
2 Corintios 11:14
Ese versículo no habla de prácticas que se presenten como terroríficas. Habla de algo que se presenta como luz.
El discernimiento cristiano no consiste en sospechar de todo, sino en examinarlo todo a la luz de la Palabra.
El Reiki presupone que existe una energía espiritual neutral que puede ser utilizada. La Biblia, en cambio, no reconoce neutralidad espiritual. Solo hay dos reinos. Solo hay un Señor.
“El que no es conmigo, contra mí es.”
Mateo 12:30
Puede parecer una afirmación incómoda. Pero es clara.
Qué es el Reiki y qué implica realmente
Históricamente, el Reiki surge en Japón a principios del siglo XX, con raíces en tradiciones espirituales orientales. No nace dentro del cristianismo ni como complemento de la fe bíblica.
Incluye iniciaciones, símbolos y niveles de capacitación. No es simplemente imponer manos. Hay una transmisión ritual.
Cuando alguien participa en Reiki, está aceptando implícitamente una visión del mundo donde el poder espiritual puede ser aprendido, activado y dirigido.
La pregunta no es si la persona siente algo. La pregunta es: ¿de dónde procede lo que siente?
La Biblia prohíbe expresamente la búsqueda de poder espiritual fuera de Dios.
“No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego,
ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego.”
Deuteronomio 18:10
Puede que alguien diga: “Pero el Reiki no es adivinación”. Es cierto que no es idéntico. Pero pertenece al mismo marco: acceder a lo espiritual por vías ajenas a la revelación de Dios.
Un testimonio cristiano sobre el reiki
En este testimonio cristiano sobre el reiki, una mujer que llegó a ser maestra en esta práctica comparte su experiencia y revela lo que realmente ocurre detrás de lo que muchos consideran “energía de luz”. Su historia es una llamada de atención para todos los que buscan paz o sanidad fuera de Cristo.
A veces no somos conscientes de los riesgos espirituales que se esconden detrás de lo que parece inofensivo. El reiki promete bienestar, equilibrio y armonía, pero abre puertas que no deberían abrirse. Detrás de sus símbolos y rituales hay realidades espirituales que la mayoría desconoce, y que solo pueden discernirse a la luz de la Palabra de Dios.
Te animo a leerlo con mente abierta y corazón sensible, y a pedir al Espíritu Santo que te muestre la verdad. Porque no toda luz viene de Dios, pero toda libertad verdadera sí:
Entrevistador:
Si pudieras contarnos tu testimonio acerca de tus experiencias con el reiki, tómate el tiempo que necesites. Cuéntanos lo que viste cuando estuviste involucrada en ello, cómo saliste, y después te haré algunas preguntas.
Testimonio:
Bueno, me metí en el ocultismo sin darme cuenta. Todo empezó cuando alguien me leyó las manos y me dijo que era una “trabajadora de la luz”. En ese momento trabajaba en un hospital, y poco a poco fui creyendo lo que me decían: que era médium, que podía canalizar y hablar con los muertos, que tenía “dones especiales”.
El enemigo te hace sentir importante, “única”, como si tuvieras un propósito elevado. Te dicen que eres sanadora, y cuando lo crees, empieza el engaño.
Con el tiempo me ofrecieron hacer el entrenamiento de Reiki. Mi maestra me invitó a una clase y los “espíritus” con los que ya hablaba me animaron: “Sí, este es tu destino”.
Tomé la clase; me costó 350 dólares. Aprendimos a canalizar “energía universal” y a usar símbolos que nos “abrían” el chakra corona. Esos símbolos supuestamente eran permanentes. A través de ellos podías sanar personas, enviar energía a distancia o incluso a lugares. Todo parecía muy real y poderoso.
Empecé a practicarlo y sentía cómo una energía fluía por mis manos. Veía colores, luces, rostros… La gente decía sentirse mejor. Algunos tenían visiones, incluso decían ver seres o luces azules que “escaneaban” sus cuerpos.
Yo creía sinceramente que era Dios obrando. Siempre decía: “Dios es quien sana”. Creía en Jesús, pero no lo conocía realmente. Empecé a creer en la reencarnación y en las vidas pasadas. Pensaba que todo era compatible con la fe.
Pero las cosas se volvieron oscuras. Los “seres de luz” me hablaban constantemente, me daban órdenes, y yo obedecía. Uno de ellos se hacía llamar Abraham. Llegaron a dominar mi vida. Cuando hacía sanaciones, ellos se manifestaban. Las personas que atendía veían cosas, tenían experiencias extrañas… y yo también.
Lo que no sabía entonces era que no eran ángeles, sino demonios disfrazados.
Con el tiempo, una amiga cristiana —que hoy agradezco que Dios haya puesto en mi camino— me ayudó a ver la verdad. Ella venía a mis sesiones y su alma le advertía que no regresara, pero aún así lo hacía por cariño. Fue a través de ella y de la Palabra que pude volver mis ojos a Cristo.
Cuando entregué mi vida al Señor Jesucristo, entendí que había sido esclava de espíritus malignos. Todo aquello que parecía luz, era oscuridad. Desde entonces, aunque aún he tenido ataques —como parálisis del sueño, presencias o zumbidos eléctricos en la cabeza— el Señor me ha protegido y liberado.
Aprendí que cada práctica ocultista —reiki, canalización, cristales, astrología, cartas, etc.— es una puerta abierta al enemigo. En mi caso, los cristales fueron un medio de ataque espiritual: uno de ellos lo había escondido sin recordarlo, y cuando lo encontré, el Espíritu Santo me mostró que era un portal. Lo rompí y sentí liberación inmediata.
Hoy doy gracias al Señor porque me sacó de ese mundo. Lo que parecía sanidad era una trampa. Los demonios primero causan la enfermedad y luego la “curan” para ganar tu confianza.
Yo pensaba que ayudaba a la gente, que hacía el bien. Pero ahora sé que estaba sirviendo sin saberlo al enemigo. No cobraba por mis sesiones, y creo que eso fue lo que Dios usó para darme una segunda oportunidad. No era avariciosa, solo ignorante.
Me había apartado del Dios verdadero y adorado falsos dioses sin darme cuenta.
Ahora advierto a todo el que practica reiki —incluso a los que dicen ser cristianos— que no se puede mezclar la luz con las tinieblas. Si crees en Cristo, no puedes usar energías, símbolos ni guías espirituales.
Jesucristo no necesita intermediarios ni “energías universales”. Él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida.
El reiki no es sanidad divina; es un engaño. Lo viví. Y aunque salí hace dos años, todavía hay consecuencias espirituales. Pero Cristo me ha liberado, y todo el poder y la gloria son para Él.
Si estás practicando reiki, sal de ahí antes de que sea tarde. Clama al Señor Jesús. Él puede liberarte, como me liberó a mí.
🕊️ PREGUNTAS Y RESPUESTAS
Entrevistador:
Mucha gente dice que en el mundo del reiki hay “energías buenas” y que incluso se puede hacer “reiki cristiano”. ¿Por qué estás segura de que se trata de demonios y no de ángeles?
Testimonio:
Porque esas entidades no soportan el nombre de Jesucristo. No podían pronunciarlo. Siempre lo rebajaban, lo llamaban “maestro ascendido” o “ser iluminado”, pero nunca lo reconocían como el Hijo de Dios.
Los verdaderos ángeles sirven a Cristo y le adoran; estos seres lo rechazaban. Ese es el mayor indicio.
Entrevistador:
¿Crees que esas “sanaciones” eran reales o solo una ilusión?
Testimonio:
Eran reales, pero venían con trampa. Los demonios pueden causar una enfermedad y luego retirarla para engañar a la persona, haciéndole creer que ha recibido una sanación divina. Así ganan su confianza y los atan más al ocultismo.
Entrevistador:
¿Crees que la iniciación en reiki abre una puerta espiritual?
Testimonio:
Sí, absolutamente. Durante la iniciación te piden “abrirte” y “llamar a tus guías espirituales”. Ese momento es cuando los demonios entran. Es una posesión disimulada bajo apariencia de luz.
Entrevistador:
¿Y los cristales, qué papel tenían en todo esto?
Testimonio:
Los cristales fueron clave. Me enseñaron a colocarlos sobre los chakras de las personas para equilibrar energías. Pero luego entendí que eran portales espirituales. Los demonios se “anclan” a objetos, igual que los ídolos en la Biblia. Cuando rompí mi último cristal, el Espíritu Santo me reveló que en él habitaba una energía demoníaca.
Entrevistador:
¿Aún sufres ataques espirituales?
Testimonio:
Ya no como antes. A veces siento intentos de ataque, pero no pueden tocarme. Al clamar el nombre de Jesucristo, se van. Él me protege completamente. Solo en Él hay libertad.
Entrevistador:
¿Qué mensaje quieres dejar a quienes practican reiki o están pensando en hacerlo?
Testimonio:
Que huyan de ello. Que lean la Biblia y busquen al Espíritu Santo para discernir. El reiki no es luz; es una puerta al infierno disfrazada de amor.
Jesús no necesita símbolos ni iniciaciones. Él ya lo hizo todo en la cruz.
Que nadie más caiga en este engaño como yo caí.
Jesucristo vive, y solo en Él hay verdadera sanidad y salvación.
🕊️ Palabras finales del testimonio
Pensé que hacía el bien, pero servía al enemigo sin saberlo. Hoy vivo libre gracias a Cristo. Toda la gloria sea para Él.
Sanidad, fe y suficiencia de Cristo
El cristianismo no niega que Dios sane. La Biblia está llena de relatos donde Dios restaura cuerpos y corazones.
Pero la sanidad bíblica no depende de canalizaciones ni símbolos. Depende de la voluntad soberana de Dios.
El problema del Reiki no es solo doctrinal. Es funcional. Desplaza la confianza.
Coloca el énfasis en el procedimiento. En la activación. En el canal.
La fe cristiana coloca el énfasis en una Persona.
“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él.”
Colosenses 2:9–10
Completos. No parcialmente asistidos. No energéticamente equilibrados. Completos en Él.
Para el creyente confundido
Si eres creyente y has sentido curiosidad por el Reiki, quiero preguntarte algo con honestidad: ¿qué crees que te falta en Cristo?
No lo pregunto con ironía. Lo pregunto porque yo también busqué añadidos durante años.
Cuando pensamos que necesitamos algo más —otra técnica, otra cobertura, otra experiencia— estamos insinuando que la obra de Cristo no es suficiente.
Hebreos 10:14 dice:
“Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”
Perfectos para siempre. Esa afirmación no deja espacio para sistemas paralelos.
Para quien aún está dentro
Si estás practicando Reiki y lees esto con resistencia, lo entiendo. Yo también defendí lo que practicaba.
Solo te invito a examinar una pregunta: ¿quién es el centro de tu sistema espiritual?
¿Depende tu paz de que tú hagas lo correcto? ¿De que mantengas una vibración adecuada? ¿De que actives algo específico?
Eso no es descanso. Eso es responsabilidad permanente.
El evangelio anuncia algo radicalmente distinto: que la reconciliación con Dios no se logra canalizando nada, sino recibiendo por gracia lo que Cristo ya hizo.
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
Romanos 5:8
No murió después de que nos alineáramos. Murió siendo aún pecadores.
Una reflexión final
Durante años pensé que la profundidad espiritual consistía en aprender a moverme en lo invisible. Hoy sé que la verdadera profundidad es reconocer que yo no controlo nada de eso.
El Reiki promete acceso. Cristo ofrece reconciliación.
El Reiki promete equilibrio. Cristo ofrece perdón.
El Reiki habla de energía. La Biblia habla de un Dios vivo.
La verdadera luz no se canaliza. Se recibe. Y tiene nombre propio.
❥ Sarai






No se en que sexta aprendió reiki pero en mi escuela no hay ningún problema para mencionar a Jesucristo.
Hola Rodrigo,
Gracias por tomarte el tiempo de comentar.
Entiendo lo que dices, pero no hablo desde fuera ni desde una experiencia puntual. Yo nací en un entorno donde estas prácticas eran normales, he conocido a muchos maestros de reiki y diferentes escuelas, y todas parten de la misma base, aunque cambien algunos matices.
Que en algún sitio se mencione a Jesucristo no significa que se esté hablando del Jesucristo de la Biblia. Ese es precisamente uno de los puntos clave. El Jesús que suele presentarse en ese contexto no es el Hijo de Dios que revela la Escritura, sino una versión adaptada, compatible con otras creencias.
La Biblia advierte claramente sobre esto: “Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado…” (2 Corintios 11:4).
No se trata de si una escuela permite o no mencionar su nombre, sino de si lo que se enseña es conforme a la Palabra de Dios.
Yo no escribo desde la teoría, sino desde haber estado ahí y haber tenido que contrastarlo todo con la Biblia.
Un saludo.