Reiki: el engaño espiritual que se disfraza de luz

Reiki: el engaño espiritual que se disfraza de luz

Este testimonio sobre el Reiki me hizo reflexionar sobre cuántas prácticas se presentan hoy como espirituales, amorosas y sanadoras, pero terminan llevando a lugares que no siempre entendemos del todo. Durante años me he preguntado por qué tantas personas, incluso bienintencionadas, se sienten atraídas por propuestas como el Reiki, el yoga o la meditación energética. Todo parece suave, respetuoso y positivo. Nada da la impresión de ser peligroso.

El Reiki se promociona como una técnica de sanación y equilibrio interior que “canaliza una energía universal” para restaurar el bienestar físico y emocional. Se habla de paz, armonía y luz, conceptos que conectan fácilmente con el deseo profundo de sentirse mejor y de encontrar sentido. Precisamente por eso resulta tan atractivo: no confronta, no exige cambios visibles y no plantea preguntas incómodas… al menos al principio.

Sin embargo, cuando uno se detiene a observar con calma qué hay detrás del Reiki —su origen, su lenguaje y la experiencia real de quienes se han implicado en él— empiezan a surgir dudas legítimas. ¿De dónde procede realmente esa energía? ¿Qué tipo de espiritualidad se está activando? ¿Todo lo que parece luz lo es de verdad?

Cuando lo que parece luz te aleja de la verdadera Luz

He conocido personas que se acercaron al Reiki buscando alivio, equilibrio o paz interior, sin ninguna mala intención. No estaban buscando nada oscuro ni peligroso; al contrario, querían sanar, ayudar a otros o sentirse mejor. Algunas pensaban incluso que el Reiki podía convivir con su fe o con sus valores personales, que era solo una herramienta más “para ayudar”.

Sin embargo, el Reiki no funciona como algo neutro. Aunque se presenta como una práctica de sanación y bienestar, introduce una forma concreta de espiritualidad. Poco a poco, la confianza deja de estar puesta en una relación personal y pasa a depositarse en una energía impersonal, en símbolos, rituales y procesos que no siempre se comprenden del todo. Lo que antes era oración o reflexión consciente se sustituye por técnicas de canalización y experiencias subjetivas difíciles de discernir.

Ahí es donde empieza el verdadero problema. No porque se perciba como algo oscuro, sino precisamente porque parece bueno, suave y luminoso. El engaño rara vez se presenta de forma agresiva; suele llegar envuelto en palabras como amor, equilibrio o luz.

“Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.” — 2 Corintios 11:14

Este versículo me confronta porque pone el foco en algo incómodo: no todo lo que parece luz lo es de verdad. Hay experiencias que alivian a corto plazo, pero que a la larga terminan alejando a la persona de la verdad y de un discernimiento sano. El Reiki ofrece una luz aparente, una sensación de control y bienestar, pero no plantea preguntas profundas ni confronta aquello que realmente necesita ser sanado.

También puede interesarte: Nueva Era: el engañoso movimiento espiritual que exalta al ser humano por encima de Dios

Qué es el reiki y por qué parece tan “inofensivo”

El Reiki nació en Japón a principios del siglo XX y se apoya en una mezcla de tradiciones orientales, espiritualidad energética y una visión panteísta de la realidad. Según esta práctica, existe una “energía vital universal” que impregna todo lo que existe y que puede ser canalizada por determinadas personas para favorecer la sanación física, emocional o espiritual.

El practicante de Reiki no se presenta como alguien que sana por sí mismo, sino como un canal. A través de símbolos, iniciaciones y posiciones de las manos, afirma permitir que esa energía fluya hacia otra persona para desbloquear desequilibrios, armonizar emociones o aliviar dolencias. Todo el lenguaje que rodea al Reiki está cuidadosamente construido: se habla de amor, conciencia, vibración, luz y bienestar. Nada suena agresivo ni extremo.

Y precisamente ahí está su mayor atractivo. El Reiki no exige una fe concreta, no plantea dogmas incómodos ni confronta directamente la vida de quien lo practica. Ofrece alivio sin preguntas profundas, espiritualidad sin compromiso y una sensación de control sobre el propio bienestar. En un mundo cansado, herido y lleno de ansiedad, eso resulta muy seductor.

El problema es que el Reiki no es solo una técnica de relajación. Es una práctica espiritual con una cosmovisión muy concreta detrás. Asume que la realidad última es una energía impersonal, que el ser humano puede aprender a manejar fuerzas invisibles y que la sanación depende de activarse, abrirse o alinearse correctamente. Poco a poco, la persona deja de buscar respuestas fuera de sí misma y empieza a confiar en experiencias internas, sensaciones y estados alterados de conciencia como fuente de verdad.

Esto genera una falsa sensación de poder y autonomía espiritual. Quien practica Reiki puede sentir que tiene control, que ayuda, que sana. Pero al mismo tiempo se va introduciendo en un terreno donde ya no todo depende de su voluntad ni de su comprensión. Se abren puertas a experiencias que no siempre pueden explicarse racionalmente y que, con el tiempo, empiezan a dirigir la vida de la persona más de lo que ella dirige la práctica.

Por eso el Reiki parece tan inofensivo al principio. No entra con violencia, entra con suavidad. No asusta, atrae. No impone, seduce. Y cuando alguien empieza a notar que algo no encaja, muchas veces ya está demasiado implicado emocional y espiritualmente como para dar marcha atrás con facilidad.

Un testimonio cristiano sobre el reiki

En este testimonio cristiano sobre el reiki, una mujer que llegó a ser maestra en esta práctica comparte su experiencia y revela lo que realmente ocurre detrás de lo que muchos consideran “energía de luz”. Su historia es una llamada de atención para todos los que buscan paz o sanidad fuera de Cristo.

A veces no somos conscientes de los riesgos espirituales que se esconden detrás de lo que parece inofensivo. El reiki promete bienestar, equilibrio y armonía, pero abre puertas que no deberían abrirse. Detrás de sus símbolos y rituales hay realidades espirituales que la mayoría desconoce, y que solo pueden discernirse a la luz de la Palabra de Dios.

Te animo a leerlo con mente abierta y corazón sensible, y a pedir al Espíritu Santo que te muestre la verdad. Porque no toda luz viene de Dios, pero toda libertad verdadera sí:

Entrevistador:
Si pudieras contarnos tu testimonio acerca de tus experiencias con el reiki, tómate el tiempo que necesites. Cuéntanos lo que viste cuando estuviste involucrada en ello, cómo saliste, y después te haré algunas preguntas.

Testimonio:
Bueno, me metí en el ocultismo sin darme cuenta. Todo empezó cuando alguien me leyó las manos y me dijo que era una “trabajadora de la luz”. En ese momento trabajaba en un hospital, y poco a poco fui creyendo lo que me decían: que era médium, que podía canalizar y hablar con los muertos, que tenía “dones especiales”.
El enemigo te hace sentir importante, “única”, como si tuvieras un propósito elevado. Te dicen que eres sanadora, y cuando lo crees, empieza el engaño.

Con el tiempo me ofrecieron hacer el entrenamiento de Reiki. Mi maestra me invitó a una clase y los “espíritus” con los que ya hablaba me animaron: “Sí, este es tu destino”.
Tomé la clase; me costó 350 dólares. Aprendimos a canalizar “energía universal” y a usar símbolos que nos “abrían” el chakra corona. Esos símbolos supuestamente eran permanentes. A través de ellos podías sanar personas, enviar energía a distancia o incluso a lugares. Todo parecía muy real y poderoso.

Empecé a practicarlo y sentía cómo una energía fluía por mis manos. Veía colores, luces, rostros… La gente decía sentirse mejor. Algunos tenían visiones, incluso decían ver seres o luces azules que “escaneaban” sus cuerpos.
Yo creía sinceramente que era Dios obrando. Siempre decía: “Dios es quien sana”. Creía en Jesús, pero no lo conocía realmente. Empecé a creer en la reencarnación y en las vidas pasadas. Pensaba que todo era compatible con la fe.

Pero las cosas se volvieron oscuras. Los “seres de luz” me hablaban constantemente, me daban órdenes, y yo obedecía. Uno de ellos se hacía llamar Abraham. Llegaron a dominar mi vida. Cuando hacía sanaciones, ellos se manifestaban. Las personas que atendía veían cosas, tenían experiencias extrañas… y yo también.
Lo que no sabía entonces era que no eran ángeles, sino demonios disfrazados.

Con el tiempo, una amiga cristiana —que hoy agradezco que Dios haya puesto en mi camino— me ayudó a ver la verdad. Ella venía a mis sesiones y su alma le advertía que no regresara, pero aún así lo hacía por cariño. Fue a través de ella y de la Palabra que pude volver mis ojos a Cristo.

Cuando entregué mi vida al Señor Jesucristo, entendí que había sido esclava de espíritus malignos. Todo aquello que parecía luz, era oscuridad. Desde entonces, aunque aún he tenido ataques —como parálisis del sueño, presencias o zumbidos eléctricos en la cabeza— el Señor me ha protegido y liberado.
En los momentos de miedo, al clamar el nombre de Jesucristo, todo se detiene. Él tiene poder sobre ellos.

Aprendí que cada práctica ocultista —reiki, canalización, cristales, astrología, cartas, etc.— es una puerta abierta al enemigo. En mi caso, los cristales fueron un medio de ataque espiritual: uno de ellos lo había escondido sin recordarlo, y cuando lo encontré, el Espíritu Santo me mostró que era un portal. Lo rompí en el nombre de Jesús, y sentí liberación inmediata.

Hoy doy gracias al Señor porque me sacó de ese mundo. Lo que parecía sanidad era una trampa. Los demonios primero causan la enfermedad y luego la “curan” para ganar tu confianza.
Yo pensaba que ayudaba a la gente, que hacía el bien. Pero ahora sé que estaba sirviendo sin saberlo al enemigo. No cobraba por mis sesiones, y creo que eso fue lo que Dios usó para darme una segunda oportunidad. No era avariciosa, solo ignorante.
Me había apartado del Dios verdadero y adorado falsos dioses sin darme cuenta.

Ahora advierto a todo el que practica reiki —incluso a los que dicen ser cristianos— que no se puede mezclar la luz con las tinieblas. Si crees en Cristo, no puedes usar energías, símbolos ni guías espirituales.
Jesucristo no necesita intermediarios ni “energías universales”. Él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida.

El reiki no es sanidad divina; es un engaño. Lo viví. Y aunque salí hace dos años, todavía hay consecuencias espirituales. Pero Cristo me ha liberado, y todo el poder y la gloria son para Él.
Si estás practicando reiki, sal de ahí antes de que sea tarde. Clama al Señor Jesús. Él puede liberarte, como me liberó a mí.


🕊️ PREGUNTAS Y RESPUESTAS

Entrevistador:
Mucha gente dice que en el mundo del reiki hay “energías buenas” y que incluso se puede hacer “reiki cristiano”. ¿Por qué estás segura de que se trata de demonios y no de ángeles?

Testimonio:
Porque esas entidades no soportan el nombre de Jesucristo. No podían pronunciarlo. Siempre lo rebajaban, lo llamaban “maestro ascendido” o “ser iluminado”, pero nunca lo reconocían como el Hijo de Dios.
Los verdaderos ángeles sirven a Cristo y le adoran; estos seres lo rechazaban. Ese es el mayor indicio.

Entrevistador:
¿Crees que esas “sanaciones” eran reales o solo una ilusión?

Testimonio:
Eran reales, pero venían con trampa. Los demonios pueden causar una enfermedad y luego retirarla para engañar a la persona, haciéndole creer que ha recibido una sanación divina. Así ganan su confianza y los atan más al ocultismo.

Entrevistador:
¿Crees que la iniciación en reiki abre una puerta espiritual?

Testimonio:
Sí, absolutamente. Durante la iniciación te piden “abrirte” y “llamar a tus guías espirituales”. Ese momento es cuando los demonios entran. Es una posesión disimulada bajo apariencia de luz.

Entrevistador:
¿Y los cristales, qué papel tenían en todo esto?

Testimonio:
Los cristales fueron clave. Me enseñaron a colocarlos sobre los chakras de las personas para equilibrar energías. Pero luego entendí que eran portales espirituales. Los demonios se “anclan” a objetos, igual que los ídolos en la Biblia. Cuando rompí mi último cristal, el Espíritu Santo me reveló que en él habitaba una energía demoníaca.

Entrevistador:
¿Aún sufres ataques espirituales?

Testimonio:
Ya no como antes. A veces siento intentos de ataque, pero no pueden tocarme. Al clamar el nombre de Jesucristo, se van. Él me protege completamente. Solo en Él hay libertad.

Entrevistador:
¿Qué mensaje quieres dejar a quienes practican reiki o están pensando en hacerlo?

Testimonio:
Que huyan de ello. Que lean la Biblia y busquen al Espíritu Santo para discernir. El reiki no es luz; es una puerta al infierno disfrazada de amor.
Jesús no necesita símbolos ni iniciaciones. Él ya lo hizo todo en la cruz.
Que nadie más caiga en este engaño como yo caí.
Jesucristo vive, y solo en Él hay verdadera sanidad y salvación.

🕊️ Palabras finales del testimonio

Pensé que hacía el bien, pero servía al enemigo sin saberlo.
Hoy vivo libre gracias a Cristo.
Toda la gloria sea para Él.


Lo que aprendemos a la luz de la Palabra

Escuchar un testimonio cristiano sobre el Reiki como este invita, inevitablemente, a la reflexión. No todo lo que se presenta como espiritual conduce a la verdad, y no todo lo que alivia el cuerpo trae sanidad al alma. Durante mucho tiempo se nos ha enseñado a buscar bienestar sin preguntarnos el origen, el fundamento o las consecuencias espirituales de aquello en lo que confiamos.

La sanidad que viene de Cristo no se canaliza ni se aprende mediante símbolos o técnicas. No depende de iniciaciones ni de “activarse” espiritualmente. Se recibe por gracia. Cuando una persona busca poder, control o alivio espiritual fuera de Él, abre puertas que no siempre sabe reconocer ni cerrar. Al principio puede parecer que funciona, pero con el tiempo suelen aparecer la confusión, el miedo, la dependencia o un vacío difícil de explicar.

Solo cuando alguien se rinde por completo a Jesucristo encuentra verdadera libertad. Él no comparte Su gloria con energías, rituales ni intermediarios. Su Espíritu no necesita apoyos externos, porque es Él mismo quien transforma, sana y restaura desde dentro.

Lo que más me conmueve es comprobar cómo Dios sigue rescatando a quienes cayeron en estos engaños, incluso después de años de oscuridad y confusión. Su gracia es más fuerte que cualquier error pasado y más poderosa que cualquier experiencia espiritual falsa. La paz que ofrece el mundo promete mucho, pero no puede sostener; la paz que viene de Cristo permanece.

La verdadera luz no se canaliza: se recibe.
Y esa Luz tiene nombre propio: Jesucristo.

Con cariño,
❥ Sarai

Deja un comentario

Scroll al inicio