En los últimos años, la cábala judía ha dejado de ser un tema reservado a círculos académicos o religiosos para convertirse en una tendencia espiritual cada vez más visible. Aparece en libros de autoexploración, en discursos de “despertar”, en la Nueva Era, e incluso en movimientos que dicen recuperar la espiritualidad hebrea original.
Suena antigua, profunda, misteriosa. Y eso, para quien viene de un recorrido espiritual intenso, suele resultar muy atractivo. Lo sé bien, porque durante años yo también busqué respuestas en todo aquello que prometía ir “más allá de lo superficial”.
Pero cuando algo se presenta como conocimiento oculto, exclusivo o reservado a unos pocos “iniciados”, conviene detenerse y mirar con calma qué hay realmente detrás.
¿Qué es la cábala judía y de dónde surge?
La cábala es una tradición mística desarrollada dentro del judaísmo, especialmente a partir de la Edad Media. No forma parte del judaísmo bíblico original ni de la enseñanza normativa de la Torá, sino de interpretaciones esotéricas posteriores.
Sus textos más conocidos son el Sefer Yetsirá, atribuido tradicionalmente al siglo I d.C., y el Zóhar, redactado en el siglo XIII. Estas obras proponen una lectura simbólica y mística de la realidad, donde letras, números y estructuras invisibles explicarían cómo funciona el universo y cómo lo divino se manifiesta en él.
A diferencia de una lectura sencilla y directa de los textos hebreos, la cábala intenta “descodificar” significados ocultos mediante técnicas como la gematría (valores numéricos de las letras) o el notarikon (abreviaturas místicas). El problema no es el interés intelectual, sino la pretensión de acceder a verdades espirituales secretas que supuestamente no están disponibles para todos.
El Árbol de la Vida y la espiritualidad simbólica
Uno de los elementos más conocidos de la cábala judía es el llamado Árbol de la Vida, un diagrama compuesto por diez esferas o sefirot, que representarían atributos divinos emanados hacia la creación.
Según esta visión, el ser humano puede recorrer espiritualmente ese árbol mediante meditaciones, prácticas con letras hebreas, nombres de ángeles y rituales específicos. Cada sefirá se asocia a energías, virtudes y estados del alma.
En la práctica, esto suele derivar en una espiritualidad basada en símbolos, visualizaciones y procesos internos de “evolución espiritual”. El lenguaje puede variar, pero la idea de fondo es casi siempre la misma: el ser humano puede ascender espiritualmente mediante técnicas adecuadas.
Cuando uno viene de la Nueva Era, estas propuestas resultan familiares. Cambian los nombres, pero el esquema se repite.
La cábala práctica y la magia espiritual
Históricamente, no toda la cábala fue solo especulativa. Existió también una cábala práctica, ligada a la magia ritual: amuletos, talismanes, invocaciones de ángeles, combinaciones de letras para producir efectos espirituales concretos.
Algunos cabalistas buscaban incluso pronunciar el supuesto nombre oculto de Dios para ejercer poder espiritual. Estas prácticas fueron rechazadas por sectores del propio judaísmo, pero dejaron una huella profunda en el esoterismo occidental.
Durante el Renacimiento, la cábala influyó en corrientes ocultistas europeas como los rosacruces o la Golden Dawn. Desde entonces, se integró sin dificultad en sistemas como el tarot, la astrología o ciertas formas de yoga occidentalizado.
Por eso hoy resulta tan común encontrar referencias cabalísticas en contextos completamente ajenos al judaísmo. El sistema se volvió maleable, subjetivo y perfectamente compatible con cualquier espiritualidad alternativa.
Reencarnación, karma y otras ideas ajenas al judaísmo bíblico
Uno de los aspectos menos conocidos, pero más reveladores, es que muchos textos cabalísticos enseñan una forma de reencarnación del alma y un proceso de perfeccionamiento espiritual progresivo.
El Zóhar describe al alma atravesando distintos estados hasta alcanzar una supuesta plenitud. Esto conecta directamente con conceptos de karma y evolución espiritual propios del hinduismo y el budismo, no del pensamiento hebreo bíblico.
Desde la perspectiva bíblica, el problema humano no es falta de evolución, sino una ruptura profunda que no se soluciona con técnicas espirituales ni rituales.
Isaías 64:6 lo expresa con crudeza: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia”. No es un mensaje popular, pero sí honesto.
La cábala convertida en producto espiritual
En las últimas décadas, la cábala se ha transformado en una marca espiritual. El llamado Centro de Cábala de Los Ángeles popularizó una versión comercial y diluida, prometiendo salud, prosperidad y protección espiritual.
Se vendieron amuletos, pulseras rojas, velas, collares y ediciones del Zóhar a precios desorbitados. Celebridades fueron fotografiadas usando estos objetos como símbolos de estatus espiritual.
El mensaje era simple: aplica estos principios y atraerás bendiciones. Pero cuando la espiritualidad se convierte en un producto, suele dejar de lado la verdad para centrarse en lo que vende.
Para quienes venimos de entornos de manipulación espiritual, este patrón resulta dolorosamente reconocible.

El movimiento de raíces hebreas y el regreso a la ley
Relacionado con este interés por lo hebreo surge el llamado movimiento de raíces hebreas. Sus seguidores sostienen que los cristianos deben volver a guardar la ley de Moisés: sábado, fiestas, dieta kosher.
Algunos grupos llegan a rechazar la autoridad del apóstol Pablo o a negar doctrinas centrales del cristianismo histórico. Otros presentan a Jesús solo como un maestro judío más.
El riesgo aquí no es el interés cultural por el judaísmo, sino sustituir la fe por una obediencia ritual. Según Gálatas 1:8–9, cualquier mensaje que altere el evangelio recibido es “otro evangelio”.
Romanos 11:6 es claro: “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia”. Volver a la ley como medio de aceptación ante Dios no libera, ata.
Revelaciones privadas y guías espirituales invisibles
Tanto en la cábala como en ciertos entornos de raíces hebreas aparece la figura del maggid: un guía espiritual que transmite revelaciones ocultas. A veces se describe como un ángel, otras como el alma de un sabio fallecido.
También existe la práctica de acudir a tumbas de justos para pedir intercesión espiritual. Todo esto conecta directamente con prácticas prohibidas en la Escritura.
Deuteronomio 18:11 advierte contra consultar muertos o espíritus. Levítico 19:31 dice: “No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos”.
Isaías 8:19 añade que no debemos buscar a los muertos por los vivos. Y 2 Corintios 11:14 recuerda que Satanás se disfraza como ángel de luz.
Una espiritualidad sencilla y verdadera
Después de muchos rodeos espirituales, descubrí que la verdad no estaba escondida en códigos, símbolos ni niveles secretos. Estaba expuesta, clara y accesible.
Juan 8:36 dice: “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. No habla de evolución espiritual, sino de libertad real.
Efesios 2:8–9 afirma: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.
No necesitas aprender hebreo místico ni descifrar números ocultos. La verdad no se reserva para una élite espiritual.
Si vienes de la confusión, del cansancio espiritual o de haberlo probado todo sin encontrar descanso, quizá sea momento de replantearte aquello que siempre estuvo delante y que tal vez descartaste demasiado rápido.
La fe cristiana no promete control espiritual, promete reconciliación. No ofrece poder oculto, ofrece descanso.
Y eso, después de tanto ruido espiritual, es profundamente liberador.
❥ Sarai
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