Ocultismo: un engaño antiguo con rostro nuevo

Ocultismo: 6 verdades incómodas que revelan su verdadero origen

El ocultismo ya no se presenta como algo oscuro o marginal. Hoy se muestra con palabras amables, estética cuidada y promesas de bienestar interior. Habla de energía, de conciencia, de sanación, de señales. Se cuela en libros, redes sociales, terapias alternativas, películas y conversaciones cotidianas. Muchas personas se acercan a él sin sentir que están entrando en algo peligroso. Al contrario: creen que están despertando.

Durante años yo también lo vi así. No llegué al ocultismo buscando el mal, sino respuestas. Buscaba sentido, alivio emocional, comprensión de mis heridas y una forma de sentirme en control de mi vida. Y como yo, muchas personas llegan ahí desde el cansancio, el dolor o la sensación de vacío.

Por eso este artículo no nace desde la superioridad ni desde la burla. Nace desde la experiencia vivida, pero también desde la necesidad de llamar a las cosas por su nombre. Porque el ocultismo no es nuevo, no es neutro y no es inofensivo, aunque hoy se disfrace mejor que nunca.

1. El ocultismo no siempre parece ocultismo

Cuando pensamos en ocultismo solemos imaginar rituales extremos, símbolos extraños o prácticas claramente oscuras. Pero esa imagen ya no representa la realidad actual. Hoy el ocultismo suele presentarse como crecimiento interior, espiritualidad alternativa o conexión con algo superior.

Astrología, tarot, canalizaciones, decretos, “manifestar”, señales del universo, guías espirituales, sanación energética… Todo eso forma parte de un mismo sistema de pensamiento, aunque se presente fragmentado y personalizado.

La clave está en que no exige compromiso moral ni rendición. Promete poder personal, conocimiento oculto y control emocional. Y eso resulta muy atractivo para quien ha vivido decepciones, heridas profundas o relaciones rotas.

En mi caso, el ocultismo se mezcló con una infancia confusa, carencias afectivas y una búsqueda constante de validación. No me sentía mala persona, ni estaba buscando hacer daño. Simplemente quería sentirme completa.

2. El ocultismo alimenta el ego mientras promete libertad

Una de las ideas centrales del ocultismo moderno es que no existe una verdad objetiva. Todo depende de cómo lo sientas, de tu vibración, de tu nivel de conciencia. Nada es realmente bueno o malo, solo más o menos “evolucionado”.

Eso suena liberador, pero en la práctica deja al ser humano completamente solo, cargando con un peso que no puede sostener: ser su propio dios. Decidirlo todo, interpretarlo todo, justificarse todo.

Durante mucho tiempo creí que estaba creciendo espiritualmente porque me sentía especial, intuitiva, sensible. Pero por dentro seguía igual de insegura, herida y dependiente emocionalmente. El orgullo espiritual convivía con un vacío que no se iba.

El ocultismo no me confrontaba, me validaba. No me sanaba, me anestesiaba.

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3. Raíces antiguas con un disfraz moderno

Lo que hoy se llama Nueva Era no es un movimiento nuevo. Es una reinterpretación moderna de prácticas antiguas: gnosticismo, paganismo, esoterismo, espiritismo y filosofías orientales mezcladas sin coherencia histórica.

A finales del siglo XIX, figuras como Helena Blavatsky sentaron las bases de este pensamiento, afirmando recibir revelaciones de “maestros ascendidos”. Desde entonces, el mensaje ha sido siempre el mismo, aunque cambie el envoltorio: el ser humano tiene dentro la divinidad y solo necesita despertarla.

La Biblia describe este tipo de espiritualidad como una imitación de la verdad, no como una alternativa válida. No porque Dios tenga miedo de la búsqueda humana, sino porque conoce el daño que produce buscar luz fuera de Él.

“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias.” (2 Timoteo 4:3)

Este pasaje no habla de personas malvadas, sino de personas cansadas de escuchar verdades incómodas.

4. Lo que la Biblia dice realmente sobre el ocultismo

La Biblia no trata el ocultismo como un juego simbólico ni como una curiosidad cultural. Lo aborda como una realidad espiritual con consecuencias reales.

En Deuteronomio 18:10-12 se advierte claramente:

“No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos; porque es abominación para Jehová cualquiera que hace estas cosas.”

Estas prácticas no se prohíben por capricho, sino porque abren puertas que el ser humano no sabe cerrar.

En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo recuerda a los creyentes que antes de conocer la verdad vivían esclavizados a ídolos y sistemas falsos:

“Ciertamente, en otro tiempo no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses.” (Gálatas 4:8)

La Escritura presenta una diferencia clara entre buscar a Dios y buscar poder espiritual.

5. Las consecuencias reales que no suelen contarse

El ocultismo promete paz, pero muchas personas terminan con ansiedad, miedo, confusión mental o sensación de opresión. No siempre ocurre de forma inmediata, pero suele aparecer cuando el sistema ya no puede sostener la vida real.

En mi experiencia, cuanto más intentaba controlar mi realidad con prácticas espirituales, más frágil me sentía por dentro. Las relaciones seguían siendo insanas, el dolor no se resolvía y el vacío regresaba una y otra vez.

La Biblia describe esta realidad con sobriedad:

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.” (1 Pedro 5:8)

No habla de cuentos, sino de una lucha espiritual real, aunque invisible.

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6. Cuando la búsqueda honesta se encuentra con la verdad

Llega un punto en el que muchas personas, aunque no lo expresen así, se cansan de buscar. Se cansan de probar métodos, discursos y promesas que no transforman el corazón.

En mi caso, ese punto llegó cuando ya no tenía fuerzas para seguir sosteniendo una identidad espiritual fabricada. Cuando empecé a leer los Salmos, no buscando técnicas ni respuestas rápidas, sino palabras verdaderas, algo empezó a ordenarse por dentro.

Jesús no se presenta como un gurú ni como un maestro más. Se presenta como la verdad encarnada:

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6)

No promete control, promete descanso. No promete poder, promete reconciliación. No halaga el ego, pero sana el corazón.

Una invitación final

Si has estado buscando respuestas en el ocultismo, la Nueva Era o cualquier forma de espiritualidad alternativa, no estás solo ni eres ingenuo. La búsqueda espiritual es humana. Pero no toda luz es verdadera.

La Biblia invita a examinar, a probar y a discernir:

“Examinadlo todo; retened lo bueno.” (1 Tesalonicenses 5:21)

Jesucristo no te pide que apagues tu razón ni que niegues tu historia. Te invita a dejar de huir, a soltar el control y a encontrarte con la verdad que no engaña.

Yo no encontré libertad elevando mi conciencia. La encontré cuando dejé de pelear y me rendí a la verdad del Evangelio.

Y esa verdad no esclaviza. Libera.

❥ Sarai

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